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Las precipitaciones de abril frenan pérdidas pero no logran recomponer el potencial, en una campaña donde muchos productores proyectan promedios en torno a kg/ha 1.500. En varias zonas del corazón agrícola podrían verse rindes cercanos a 1.000 kg/ha, marcando una de las zafras más desafiantes de los últimos años.

Las lluvias de las últimas semanas llegaron demasiado tarde para cambiar el rumbo de la zafra de soja, en un contexto de fuerte deterioro productivo tras la sequía del verano.

El productor agrícola Gabriel Carballal señaló que en “el 85% de los casos” las precipitaciones no tendrán un impacto relevante en la recuperación de rendimientos, aunque sí ayudan a frenar nuevas pérdidas.

En ese escenario, los rindes a nivel país se perfilan muy por debajo de los promedios históricos. “Tengo una expectativa de 1.600 kilos de promedio y me considero uno de los productores con cultivos buenos en la zona”, afirmó, marcando el piso que enfrenta buena parte del sector.

Incluso, en zonas agrícolas clave como el eje Mercedes–Dolores–Ombúes de Lavalle-Palo Solo-Cañada Nieto-, no se descartan promedios cercanos a  kg/ha 1.000, lo que terminaría de confirmar una zafra de bajo volumen.

De todos modos, hay algunas excepciones. Lotes sembrados tardíamente en el sur podrían beneficiarse parcialmente por las lluvias y alcanzar resultados algo superiores, mientras que en el norte, donde los cultivos venían mejor, se esperan rindes por encima de kg/ha 2.000.

A nivel general, Carballal se alinea con una producción nacional más cerca de 1,9 millones de toneladas de soja que de los 2 millones, en línea con los ajustes que vienen realizando distintas estimaciones privadas.

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