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Con datos de sus ensayos en La Estanzuela, Félix Gutiérrez, Ing. Agr. MSc. de INIA Uruguay, repasó el potencial productivo, la calidad y la respuesta al riego de las principales especies megatérmicas evaluadas en el país, además de los avances más recientes en mejoramiento genético.

La jornada se enmarcó en ¿Cómo aprovechar El Niño?, un encuentro de campo y salón organizado por Valle Verde - Serkan Semillas, con el apoyo de la Asociación Rural de Florida, INIA Uruguay y la Sociedad de Productores de Leche de Florida (SPLF). Bajo la consigna de una "estrategia forrajera 365" —que propone diversificar las pasturas templadas con remolacha forrajera, pasturas megatérmicas y nabo forrajero para producir más en menos tiempo, área y costos—, la actividad se realizó el pasado martes 21 de julio, en la sede de la Asociación Rural de Florida.

Gutiérrez abrió su presentación con una serie de datos de contexto del sector. El área de pasturas mejoradas en Uruguay se mantuvo, según mostró, en un rango de entre 2,15 y 2,7 millones de hectáreas entre 2000 y 2023, con una caída marcada hacia 2009-2010 y una recuperación sostenida en la última década.

El stock bovino, por su parte, pasó de unos 8 millones de cabezas en 1990 a superar los 12 millones en distintos picos entre 2004 y 2016, ubicándose hoy en el entorno de los 11,5 millones. 

A eso se suma el crecimiento del engorde a corral, que saltó de unas 45 mil cabezas en 2012 a un pico cercano a las 370 mil en 2022, y una mejora sostenida en el peso de faena, tanto de novillos como de vacas, de unos 50 kg adicionales en las últimas dos décadas y media.

Con esos datos como telón de fondo, Gutiérrez planteó que la producción de carne por hectárea en área bovina viene mejorando de forma escalonada, pasando de un promedio de 70 kg de peso vivo por hectárea a 90 kg, y más recientemente a 105 kg.

Qué son las gramíneas megatérmicas y por qué importan

Gutiérrez definió a las gramíneas megatérmicas como pasturas perennes de origen tropical o subtropical, adaptadas al calor y a la estacionalidad del verano. Explicó que su fotosíntesis por vía C4 les da alta eficiencia en el uso del agua y mayor productividad en la estación cálida, que su temperatura óptima de crecimiento está por encima de los 20-22°C —y se reduce drásticamente por debajo de los 15°C—, y que requieren días largos para expresar su máximo crecimiento y floración.

Su principal limitante es la tolerancia al frío: el crecimiento se detiene o las plantas mueren ante heladas o bajas temperaturas prolongadas. No obstante, el mejoramiento ha logrado nuevas variedades con tolerancia a heladas y hasta 5 o 10 años de persistencia.

En cuanto a su relevancia para los sistemas ganaderos, la presentación las ubicó en tres roles: reducir el déficit estival complementando a las pasturas templadas justo cuando más falta el forraje de calidad, aportar mayor resiliencia climática frente a sequías y altas temperaturas, y diversificar la base forrajera combinando campo natural, pasturas templadas y megatérmicas para lograr mayor producción por hectárea y menor riesgo climático.

Gutiérrez fue claro en un punto: las megatérmicas no sustituyen al campo natural ni a las pasturas templadas, sino que las complementan.

El podio productivo: Panicum coloratum, Chloris gayana y Setaria sphacelata

En los ensayos de INIA La Estanzuela, con producción acumulada de materia seca a tres años, el Panicum coloratum (cv. Klein) encabezó la tabla con 26.590 kg de MS por hectárea, seguido de cerca por la Chloris gayana (cv. Callide) con 26.352 kg, y algo más atrás la Setaria sphacelata (cv. Narok) con 19.527 kg.

Las tres especies superaron las 19 mil kg de MS acumuladas en tres años, lo que para Gutiérrez confirma el potencial de las megatérmicas como complemento estratégico de los sistemas pastoriles del norte del país.

Ya en el primer año de implantación, la producción también fue alta: la Chloris gayana cv. Callide llegó a 9.210 kg de MS por hectárea, la cv. Tolga a 8.430 kg, el Panicum coloratum cv. Klein a 5.820 kg y la Setaria sphacelata cv. Narok a 5.520 kg.

Según remarcó Gutiérrez, esto confirma que las megatérmicas ofrecen un aporte de forraje temprano y de calidad ya desde el primer año de siembra.

La calidad se concentra donde más se necesita

Sobre calidad de forraje, la presentación mostró que tanto la proteína cruda como la digestibilidad de la materia seca son más altas en primavera y verano —14% de proteína cruda y 61,5% de digestibilidad en primavera, 12% y 59,8% en verano— y descienden hacia otoño e invierno, hasta 5% de proteína cruda y 55,5% de digestibilidad en la estación más fría.

Para Gutiérrez, esto tiene una implicancia productiva directa: el forraje de mayor calidad se concentra justamente cuando los animales más lo necesitan, en la época de mayor demanda.

En cuanto a respuesta al riego, los ensayos mostraron que las tres especies evaluadas —Chloris gayana cv. Katambora, Setaria sphacelata cv. Narok y Panicum coloratum cv. Klein— responden positivamente al agua, tanto en primavera-verano como en otoño-invierno. En el período primavera-verano, la Chloris gayana pasó de 5.700 a 7.900 kg de MS por hectárea con riego (+39%), la Setaria sphacelata de 8.600 a 9.800 kg (+14%), y el Panicum coloratum de 9.400 a 11.300 kg (+20%). 

En otoño-invierno el salto fue todavía mayor para la Setaria sphacelata, que pasó de 5.900 a 9.500 kg (+61%), mientras que la Chloris gayana subió de 5.600 a 7.500 kg (+34%) y el Panicum coloratum de 6.200 a 8.400 kg (+35%).

El mensaje de Gutiérrez fue que el agua no cambia cuál es la especie líder, pero sí potencia el potencial productivo de todas.

Setaria INIA Esbelta, el nuevo material del programa de mejoramiento

Entre las experiencias más recientes, Gutiérrez presentó a la Setaria INIA Esbelta, un material de hábito semierecto, con alta proporción de hojas y hojas largas y finas, desarrollado por el programa de mejoramiento genético de INIA en La Magnolia.

Según los datos que mostró, este nuevo cultivar ofrece una producción de forraje 40% superior a la Narok en tres años, y una producción de semilla 70% superior, además de buena sobrevivencia invernal, valores nutritivos aceptables y un contenido de oxalatos que no resulta problemático. 

El objetivo del programa de mejoramiento, explicó, es combinar alta productividad estival, buena producción de semilla, mayor persistencia y mejor adaptación a las condiciones productivas de Uruguay en una misma población.

De Florida a los montes citrícolas de Salto

La presentación cerró con casos de uso a campo. Uno fue el de Valle Verde - Serkan Semillas, donde una pastura Megamix implantada en 2007 mostraba, en mayo de 2025, 17 años de persistencia productiva con un estado general calificado como bueno.

Otro caso, en montes citrícolas de Salto, mostró la evolución de una siembra de Megamix entre octubre de 2024 y mayo de 2025: de suelo desnudo antes de la implantación, a alta producción de biomasa durante el desarrollo estival, hasta una excelente cobertura persistente en otoño. 

Entre los resultados observados, la presentación destacó la rápida implantación y cobertura del suelo, la protección frente a la erosión, el potencial para pastoreo controlado y la posibilidad de integrar las megatérmicas con sistemas citrícolas intensivos.

Cómo sostener la persistencia en el tiempo

Para mejorar la persistencia de las megatérmicas, Gutiérrez recomendó implantarlas en primavera temprana, para asegurar buen desarrollo antes del primer invierno, mantener una reserva de hojas y macollos en otoño para resistir las heladas, ajustar la carga animal en veranos secos para evitar el sobrepastoreo, y combinarlas en mezclas con leguminosas perennes —como lotus corniculatus, trébol blanco o lotus uliginosus— para complementar la producción invernal y reducir la presión de pastoreo sobre la gramínea.

Según remarcó, la persistencia se construye en el primer año y se conserva con un manejo adecuado del otoño y de la carga animal.

Sobre dónde tienen más sentido estas pasturas, la presentación identificó tres nichos: sistemas que buscan alta producción de forraje primavera-estival con destacada persistencia, pasturas de rotación larga —de 5 a 6 años— donde la estabilidad pesa más que la calidad, y áreas reducidas del predio destinadas específicamente a la producción de pasturas de ciclo estival.

Un año internacional para los pastizales

Gutiérrez enmarcó buena parte de su cierre en el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026. Recordó que más del 70% del territorio productivo uruguayo está asociado a sistemas pastoriles, que los pastizales cubren cerca del 40% de la superficie terrestre del planeta y sostienen los medios de vida de más de mil millones de personas, y que cumplen roles clave en la protección del suelo, la regulación climática y la conservación de la biodiversidad.

En esa línea, ubicó a las gramíneas megatérmicas como un aporte adicional a esos servicios: protegen y cubren el suelo, ayudan a capturar carbono y mejorar la materia orgánica, permiten recuperar ambientes degradados y suman resiliencia frente al cambio climático, siempre en complementariedad con el campo natural y las pasturas templadas.

El mensaje final de la presentación fue justamente ese: las gramíneas megatérmicas no reemplazan nada, sino que se integran a un sistema más amplio —campo natural, pasturas templadas, megatérmicas, leguminosas, verdeos y forrajeras— para construir sistemas más productivos, estables y sostenibles en el tiempo.

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