
Recurrentemente se afirma que la cría no reacciona a los estímulos de precios de los terneros. Ayer, en la conferencia denominada La Industria Responde, organizada por Rurales de El País y Oriental Agropecuaria, volvió a ser tema debido a la disconformidad que tienen los industriales en general con la habilitación de la exportación en pie.
Alberto González, director de Las Piedras, argumentó que los últimos cuatro años han sido de exportaciones en pie voluminosas y que, a pesar de eso, no han permitido que la tasa de destete llegue a 80%. Reconoció que “la biología es lenta”, pero que, en lo que refiere al destete, “no salimos de 60-65%”.
Sin embargo, la cría viene evolucionando de forma positiva a los estímulos que le da el mercado, no solamente por la exportación en pie, sino por los buenos precios en general, fundamentalmente el valor medio de exportación de la carne vacuna, que permea a todos los eslabones de la cadena.
Lo hace a su ritmo, justamente porque la biología es lenta.
La reacción de la cría se observa claramente en dos aspectos. Por un lado, de forma lenta pero persistente la tasa de preñez guarda una gradual tendencia alcista. En los años 90 oscilaba en 60%, en los primeros 20 años de esta década alcanzó un eje de 65% y en 2025 un 71%. La cantidad de terneros destetados el año pasado fue un récord de 3,07 millones, determinado tanto por una mayor cantidad de vacas en el rodeo de cría como por el aumento de la tasa de destete.
El otro gran aspecto en el que se advierte claramente la reacción de la cría es en los años de crisis.
En el gráfico adjunto se recalcan con círculos rojos los destetes posteriores a las tres últimos grandes sequías del país. La de 1988/89, la de 2008/09 y la de 2022/23. Los pisos provocados por estos eventos climáticos cada vez son más altos. En 1990 la tasa de destete fue de 50%, en 2010 de 59% y en 2024 de 64%.
Se trata de un hecho clave. Al menos parte de las herramientas disponibles para minimizar los impactos de las sequías están siendo utilizadas con éxito. Si en 2024, cuando se destetaron 300 mil terneros menos que en los cuatro años anteriores, el impacto en la disponibilidad de hacienda para la industria un año después fue grave, lo que hubiera sido si el destete hubiera caído a poco más de 2 millones de cabezas, 900 mil menos.
Si bien cada punto porcentual que aumento el destete es digno de ser celebrado, este segundo factor seguramente sea de una importancia cualitativa mucho mayor, porque le da estabilidad a la oferta, tanto para la faena un par de años después (el destino de la mayoría de los animales) como para la exportación en pie.
La cría reacciona, solo que lo hace a su ritmo. La clave para que se llegue a 80% de destete es seguir aplicando todas las políticas que minimicen las posibilidades de años en rojo. La exportación en pie es una de esas herramientas.
