
Fernando Lattanzi, de INIA, explicó cómo aprovechar la primavera de un año Niño, con recomendaciones sobre fertilización nitrogenada, y gestión del pastoreo y reservas forrajeras.
Fernando Lattanzi, investigador del Área de Pasturas y Forrajes de INIA, presentó la charla Planificando la primavera de un año Niño. Arrancó con una broma sobre el contexto climático: “Es mucho mejor venir a dar charlas con un año Niño que con una Niña”, como nos sucedió en los últimos años. Según explicó en la tercera charla de la jornada organizada por SPLF e INIA en Florida, la primavera “ya arrancó”: las festucas y los raigrás son las especies mejor preparadas para crecer a mayor tasa en este fin de invierno.
Para Lattanzi, la primavera climática para las forrajeras de tipo C3 comienza en las primeras dos semanas de agosto. “Año Niño significa una primavera forrajera extendida”, resumió el especialista. El fenómeno hace que llueva más entre octubre y diciembre, lo que se traduce en más agua disponible en el suelo durante esos meses, algo que los datos de INIA La Estanzuela confirman para las pasturas. El efecto se siente con más fuerza cuanto más somero es el suelo.
Lattanzi también analizó el caso de cultivos de maíz para reserva, comparando una fecha de siembra temprana (10 de setiembre) con una tardía (15 de diciembre). Usualmente, los maíces tempranos llegan a la floración justo cuando aumenta la probabilidad de un fuerte estrés hídrico. En años Niño se reduce en parte este riesgo, pero no desaparece. Por el contrario, sembrando el 15 de diciembre, el período crítico se corre un mes más tarde.
“No es un maíz regado, pero tiene menos probabilidad de alto estrés hídrico”, planteó.
Para productores lecheros, remarcó, el maíz tardío tiene la ventaja de que —al picarse para silo de planta entera con ¾ de línea de leche (o unos días antes)— se eluden los problemas de cosecha en otoños muy lluviosos.
Dos perillas para ajustar esta primavera
Para Lattanzi, este año Niño “debería ayudarnos a bajar el costo de producción en los sistemas pastoriles” al aumentar la cantidad disponible de pasto, el alimento más barato. El especialista identificó dos variables de manejo clave: los nutrientes —con el nitrógeno como principal palanca— y la gestión del pastoreo, en particular el área destinada a reservas. Pasturas, verdeos y cultivos con mayor potencial de crecimiento van a demandar más nutrientes.
Sobre la fertilización, con una urea a US$/t 500 y la leche a US$/lt 0,40, la relación de repago sigue siendo muy favorable: en primavera se puede esperar una respuesta de entre 15 y 25 kg pasto por cada kilo de nitrógeno aplicado. Incluso si la urea sube a US$/t 850 manteniendo los US$/lt 0,40, la relación continúa siendo positiva.”Las cuentas son muy favorables:no te podés perder un mes de productividad por esperar”, planteó.
Sobre el pastoreo, Lattanzi fue claro en un punto: “Es imposible cosechar mediante pastoreo directo todo el pasto que se produce entre agosto y octubre/noviembre”, especialmente en un año Niño.
De ahí la importancia de planificar bien las áreas destinadas a reservas, y así ajustar la carga siguiendo la metodología de las 3R. Recomendó además ser más agresivo con los cierres destinados a reservas en esta primavera particular.
Como referencia práctica para hacer reservas, puso como ejemplo cultivares de raigrás anual de ciclo intermdio cuya floración se da entre el 5 y el 15 de octubre: conviene cerrarlos unos 50 días previos, y cortarlo para hacer la reservaunos 5 dias después de la fecha de floración, momento en el que todavía no cae significativamente la digestibilidad ni la proteína.
Posiblemente, el mayor problema asociado a años Niño sea la mayor probabilidad de exceso de agua en los bajos, que puede generar pérdidas importantes de plantas en pasturas de alfalfa, ya que esla especie “menos tolerante” a estas condiciones. Por el contrario, raigrás perenne debería ser la especie más favorecida.


