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Investigadores del INIA y diversas universidades presentaron estrategias de control integrado y tecnologías de refrigeración para preservar la calidad de la fruta, disminuir el uso de fungicidas sintéticos y mitigar el deterioro.

En Uruguay, las etapas de producción y postcosecha concentran el 66% del millón de toneladas de alimentos que se pierden anualmente. Ante el impacto económico de este desperdicio, que en frutas y hortalizas representa el 23% del valor total, la ciencia nacional impulsa nuevas tecnologías y enfoques de manejo para la conservación de los cítricos.

Durante una jornada técnica organizada por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la Universidad de la República y la Universidad Tecnológica, especialistas destacaron que garantizar la calidad de las 305.000 toneladas producidas en la última zafra requiere replantear las estrategias de protección y almacenamiento, entendiendo que el cuidado de la fruta tras su recolección está condicionado por el trabajo previo en las chacras.

Las pudriciones causadas por hongos y los desórdenes fisiológicos que dañan la cáscara son los principales obstáculos en la postcosecha citrícola. Sin embargo, los investigadores advierten que las condiciones que determinan la resistencia del fruto no surgen únicamente en las plantas de empaque.

El manejo del cultivo, la nutrición del árbol y las prácticas de cosecha inciden directamente en la vida útil de los cítricos. Sumado a esto, las crecientes restricciones en los mercados de destino y las preocupaciones ambientales obligan a reducir la dependencia de los fungicidas de síntesis, cuyo uso ha generado poblaciones de patógenos resistentes. Como alternativa, se propone un control integrado que combine medidas preventivas en el campo, mejoras en la higiene de las instalaciones y la aplicación de productos de bajo impacto ambiental.

Otra herramienta fundamental para el manejo postcosecha es la conservación a bajas temperaturas, una técnica que enlentece el deterioro natural pero que exige gran precisión. Dado que los cítricos son sensibles al frío y pueden perder calidad comercial por el desarrollo de manchas, los equipos de investigación evalúan la aplicación de recubrimientos protectores y estudian cómo la nutrición previa del árbol afecta la tolerancia térmica de las distintas variedades.

La implementación de estos avances tecnológicos resulta clave para la competitividad del sector productivo uruguayo y se alinea con la meta del Ministerio de Ambiente de disminuir en un 30% los desperdicios en las cadenas de frutas y hortalizas para el año 2027.

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