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Durante el último año agrícola ganadero, jul25/jun26, las exportaciones del ovino consolidaron un ciclo de incrementos tanto en volumen como en facturación.

De acuerdo con los datos aduaneros, publicados mensualmente por el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), las ventas al exterior de todo el complejo ovino alcanzaron US$ 292.473.683 en dicho período. Este resultado marca un salto del 25,7% en la comparación interanual, casi US$ 60 millones adicionales a la economía sectorial respecto al período anterior, que había cerrado con una facturación de US$ 232.681.639.

La evolución del negocio a lo largo de los doce meses muestra que la verdadera explosión comercial se concentró durante la primera mitad de 2026. El tramo comprendido entre julio y diciembre de 2025 había mostrado un andar sumamente estable y predecible, con una ganancia moderada de US$ 14 millones en comparación con el ciclo previo. Sin embargo, el escenario cambió de forma radical a partir de enero, acumulando un incremento de US$ 45,9 millones en el segundo semestre del año móvil, lo que explica la mayor parte del saldo positivo.

El desempeño fue un logro compartido por los dos grandes pilares del rubro, ya que tanto los productos textiles como la producción cárnica traccionaron con firmeza. La lana y sus subproductos lideró la generación de divisas, sumando US$ 211.629.956, registrando una expansión del 26,3%. Por su parte, el negocio de la carne ovina acompañó esta tendencia expansiva con un incremento del 23,5%, reportando ingresos al país por un total de US$ 80.176.562.

Al analizar las exportaciones laneras según su grado de industrialización, la lana sucia alcanzó una facturación total de US$ 79.453.579, lo que representa una suba del 21,2%. No obstante, la gran sorpresa la dieron las lanas lavadas, que protagonizaron el avance más agresivo al subir un 50,6% y alcanzar los US$ 38.793.282. En tanto, el sector de mayor valor agregado industrial, compuesto por los tops o lana peinada, consolidó su relevancia en los mercados globales generando US$ 74.415.086, un crecimiento del 21,3% frente al año anterior.

La gran explicación detrás de estos números se encuentra en el comportamiento de los precios internacionales a partir de enero de 2026, momento en el que se experimentó un quiebre de tendencia. La referencia general del kilo de lana, que se movía en una franja de US$ 2,80 a US$ 3,50, escaló hasta romper la barrera de los US$ 5,30 en el arranque del año, logrando sostenerse por encima de la línea de los US$ 5 en los meses subsiguientes.

Este despegue de precios destacó una cotización de la lana sucia que tocó un techo de US$ 6,22 por kilo en enero, al tiempo que los tops peinados alcanzaron un máximo de US$ 6,80 en el mismo período.

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